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Érase una vez el té..

December 21, 2015

...entre hebras, leyendas, imperios y pasiones

 

Hace unos años leí y adopté como propia una creencia del Asia Oriental, que dice que existe un hilo rojo invisible que conecta a aquellas personas que están destinadas a encontrarse, más allá del tiempo, del lugar o las circunstancias. Ese hilo puede tensarse, contraerse o enredarse, pero jamás podrá romperse, y es siempre una muestra del vínculo que existe entre ellas…

 

En los últimos años, el Té me ha dado la enorme satisfacción de encontrarme en la vida y más allá de las fronteras y a veces de las propias barreras idiomáticas, con una gran cantidad de almas amigas. Gente que descubrí de la manera más inesperada, a través de la remota conexión con algún amigo, por internet, por redes sociales, y que en ocasiones, tardé mucho tiempo en conocer personalmente, pero que cuando las vi era como si las conociera perfectamente de toda la vida, porque teníamos un hilo conductor: el Té.

 

Eso me pasó con Eduardo Molina Anfossi, quien además de ser un admirado y entusiasta colega, un aplicado compañero de estudios y un gran y querido amigo, es un alma gemela a la que me une, entre otras muchas cosas, el maravilloso “hilo rojo invisible” que es el Té. Eduardo estuvo hace unos días en México, y tuvimos la estupenda iniciativa de realizar un encuentro con varios de los representantes de esta bebida, por estas tierras. El resultado fue maravilloso y muy motivante, con otros apasionados igual que nosotros, donde el Té reinó, sin mayores pretensiones, y el intercambio se dio de forma natural, íntima y distendida.

 

 

 

 

 

 

Estos encuentros me dejaron sumamente plena y enriquecida pero también con varios pensamientos consecuentes… Según las estadísticas, México es el país latino que menos Té consume, sin embargo, y al mismo tiempo, México también es famoso por ser una tierra donde sobresale el espíritu de compartir, el espíritu de la calidez hospitalaria, donde existe un gusto marcado por el convivio y la sociabilización… Por otro lado, los que nos dedicamos al mundo del Té en México, además de educar y acercar al consumidor la mayor cantidad de aspectos que esta bebida tiene para ofrecer, tenemos un desafío adicional y primario, que es el de cautivar a una audiencia que no necesariamente considera al Té como su primer infusión a elegir.

 

Hoy dejando de lado los conceptos técnicos, dedico esta sección a un aspecto muy relevante que tiene esta bebida, y que hace (a mi modo de ver) a la esencia misma de la Cultura del Té (y oh, casualidad, a la de mi México lindo y querido), un aspecto que no es para nada menor, sino parte del encanto perenne que esta infusión posee: esto es justamente, el reconfortante Arte de Compartir, y todo lo que ello implica y conlleva (desde la elección de las hebras, hasta la tetera y los cuencos donde lo vamos a servir, pasando por las personas con quienes lo vamos a disfrutar). Mi amiga María K., también involucrada en el mundo del Té, y a quien conozco por ahora, de manera epistolar, me ha contado que en una pared de Uruguay hay un escrito que recita “la Vida, amigo, es el Arte de Compartir”. Es entonces, mis queridos lectores, que al finalizar estas líneas, tengo una atractiva propuesta para hacerles: qué tal si la próxima vez que se reúnan con sus amigos, puedan hacerlo en torno a una cautivante tetera de su Té preferido?, …y más aún, qué les parece si la próxima vez, pueda ser justamente y nada menos que el Té la perfecta, embriagante, versátil y entretenida excusa para echar lazos con personas supuestamente desconocidas, pero a las cuales tal vez las una, como a mí, el famoso “hilo rojo invisible” de la leyenda oriental?

 

 

 

 

 

 

 

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